16-05-2001

La Televisión que necesita Extremadura

En los últimos meses hay un debate abierto en la sociedad extremeña, o tal sería mejor decir en los círculos políticos de la Región, en torno a la conveniencia o no de crear una televisión pública regional. El debate podría parecer baladí a estas alturas del milenio cuando las televisiones autonómicas llevan ya más de una década de funcionamiento en la inmensa mayoría de las comunidades españolas, pero oyendo lo que se oye y los silencios que existen en torno a este asunto, hora es ya de que los periodistas también opinemos de ello. Es nuestro derecho y también nuestra obligación.
Cierto es que en nuestra Región la clase política ha mostrado siempre un extraño recelo ante la posibilidad de crear una televisión pública y por ello se ha ido retrasando un proyecto que en cualquier región española resulta ya absolutamente cotidiano. Por unas u otras causas, hasta hace menos de un año no ha comenzado a debatirse en Extremadura la posibilidad de poner en marcha una televisión pública regional. Más vale tarde que nunca, suele decirse.
Lamentablemente este debate en torno a la televisión extremeña ha mostrado muchas deficiencias porque hasta la fecha son escasas las opiniones profesionales que han terciado en el mismo. Profesionales de las agencias de publicidad, del mundo del espectáculo, del sector empresarial, del mundo agrícola... Para cualquiera de esos sectores, y para muchos otros, sería sumamente positivo el que existiera en la Región una televisión pública de calidad (ah, ya salió el concepto de la calidad, pero ese es otro asunto que trataremos más adelante).
Aceptando que la sociedad extremeña está siendo poco participativa en este debate acerca de si conviene o no tener una televisión regional es hora de que los periodistas asumamos el pasivo e indolente papel que hemos jugado en todo este proceso y decidamos cambiar de actitud. ¿Será porque nadie nos ha querido dar vela en este entierro? ¿Pudiera ser que tengamos lo que merecemos por nuestra mala cabeza y organización? ¿Tal vez no hayamos sabido tocar las teclas adecuadas en el momento preciso para que nuestra voz sea escuchada? Sea lo que sea, hay un debate sobre si es bueno o no que exista una televisión y aquí estamos, medio millar de periodistas extremeños, cual convidados de piedra, escuchando decir argumentos en torno a la posibilidad de que dicha televisión sea analógica o digital, escuchando que Extremadura no necesita una televisión porque cuesta mucho dinero, porque nadie la está pidiendo, o escuchando decir que se puede hacer una televisión pública muy barata con cuatro convenios con otras tantos productoras.
Tenemos lo que nos merecemos. Los periodistas extremeños no estamos precisamente en una situación idílica desde el punto de vista laboral. Hemos venido siendo ninguneados por sindicatos y patronales. Carecemos de las más mínimas estructuras regionales de defensa de la profesión. Y seguramente por todos esos motivos y alguno más hemos asistido como convidados de piedra a un debate sobre la televisión en el que tenemos mucho que decir, como ciudadanos extremeños y, fundamentalmente, como profesionales de la comunicación. Y como más vale tarde que nunca, hora es ya de que los periodistas dejemos ese papel que siempre nos asignan de espectadores sin voz ni voto y nos metamos en mitad del debate. Tenemos derecho a ello; estamos obligados porque la radiotelevisión extremeña es un asunto importante para Extremadura y no debería dejarse sólo en manos de los políticos, ni de los profesores, ni de las productoras, ni de los anunciantes, ni siquiera en manos de los periodistas aunque seamos nosotros como colectivo profesional los que tenemos la obligación de la radiotelevisión extremeña sea un vehículo para hacer una Región más informada, más participativa, más desarrollada.
Basta comparar unas televisiones con otras para darse cuenta de que los programas de concursos son iguales en todas, que las retransmisiones de fútbol o toros son similares acá y allá, que los programas musicales son parejos en cualquier medio... La gran diferencia entre una televisión pública de calidad y una televisión alienante y escapista de la realidad está en sus servicios informativos. Y los servicios informativos, la información, están, o al menos deben estar, en manos de periodistas. Por eso resulta tan extraño que se hable aquí tanto de televisión y nadie hasta la fecha haya puesto el dedo en la llaga de qué televisión queremos, cómo hacerla y para qué, con qué criterios y qué tipo de información necesita la sociedad. Sí a la televisión Es evidente que los periodistas, como colectivo profesional, defendemos la necesidad de que Extremadura tenga una radiotelevisión pública de calidad. Hay voces que pretenden aplazar la puesta en marcha de la televisión extremeña hasta que pueda emitir en digital.
No compartimos esa opinión, ni siquiera creamos que ese debate deba ser el punto angular en torno a la puesta en marcha de la televisión extremeña. No hay ni una sola televisión en nuestro país que emita exclusivamente en digital y condenar a la televisión extremeña, que ya lleva años de retraso, a nuevas esperas no nos parece un ejercicio saludable. Otro reparo que se le está poniendo a la televisión extremeña es que su precio será excesivo y que hay necesidades más perentorias en nuestra Región. No cabe duda que en este tipo de argumentaciones siempre hay cierto fondo de verdad y ciertas dosis de demagogia. Llevadas hasta sus extremos lógicos este tipo de aseveraciones conducirían a los poderes públicos a suprimir de un plumazo cualquier tipo de manifestación cultural, deportiva, artística, promocional... mientras hubiera un solo ciudadano que padeciera alguna necesidad básica. No existe ni un solo argumento serio que obligue a pensar que una inversión en un a medio de comunicación público sea una inversión económica y social menos rentable que cualquier otra inversión realizada en cultura, deporte, educación, ayudas empresariales...
Desde el punto de vista económica, la inversión realizada en un medio de comunicación como una radiotelevisión regional implica no sólo generar varias decenas de puestos de trabajo directos en un sector de vanguardia como es la tecnología de las telecomunicaciones, sino que además esa inversión generará un amplio número de iniciativas empresariales, públicas y privadas, en sectores de interés social para la región como pueden ser la producción de contenidos audiovisuales, la producción de espectáculos, el teatro, la música, las agencias de publicidad... Todo ello sin entrar en consideraciones acerca de lo que supondrá para la economía y la empresa regional el poder disponer de un poderoso medio de comunicación que puede ser otro vehículo de primer orden en la difusión de marcas y mensajes comerciales. Decenas de puestos de trabajo directo, dinamización de diversos sectores de la economía regional, generación de empleo en otros sectores...
Parece una actitud demasiado ligera afirmar que la televisión regional será un derroche económico sin evaluar previamente los aspectos positivos para la economía y el empleo y sin perder de vista en ningún momento que una televisión extremeña debe adecuar su programación, sus contenidos y, lógicamente, sus presupuestos a la situación de Extremadura evitando derroches estériles e inmovilismos absurdos. En esa línea de prudencia, excesiva a nuestro entender, se sitúan otras opiniones que pretenden poner un freno a la televisión extremeña alegando que en realidad no hay una clara demanda social de ese servicio.
En realidad, nadie ha consultado a los ciudadanos extremeños si están más deseosos de tener una televisión una regional que otra serie de organismos más o menos conocidos y utilizados por la ciudadanía. Pero tampoco ese parece argumento de peso. Basta mirar ejemplos a nuestro alrededor para encontrar decenas de ejemplos de servicios que son necesarios y que los ciudadanos no reclaman en las calles. La red ferroviaria extremeña es una de las más impresentables del país y necesita una reforma radical y urgente, desde hace varios lustros. ¿Ha habido manifestaciones de extremeños pidiendo esa reforma ferroviaria? No. ¿Existe esa necesidad? Evidentemente. Nosotros, como periodistas extremeños, pedimos a los poderes públicos que adopten las medidas pertinentes para que haya en nuestra Región una radiotelevisión pública y se acabe la discriminación que la ciudadanía en general, y nuestro colectivo profesional, en particular, tenemos con respecto al resto del país. Pedimos además que ese proyecto se ponga en marcha sin precipitaciones, pero con la rapidez necesaria para subsanar el atraso extremeño con respecto a otras comunidades. ¿Qué televisión? En este incipiente debate sobre la televisión extremeña hemos escuchado opiniones poco favorables a poner en marcha una televisión y también hemos visto pronunciamientos a favor de su creación. Pero algunos de esos pronunciamientos a favor de la televisión extremeña no dejan de parecer sorprendentes, al menos desde el escaso nivel de información que la sociedad y nosotros como profesionales estamos recibiendo. En esa línea de opiniones favorables pero sorprendentes se incluirían aquellas que pretenden disfrazarse de originales proponiendo una televisión con unos servicios informativos mínimos y un amplio paquete de la información en manos de empresas o productoras privadas. Pretender calificar esa propuesta como singular o novedosa es, cuando menos descabellado. Desde hace muchos años, los medios de comunicación están plagados de contratas y subcontratas, de empresas que venden productos al mejor postor y de multitud de profesionales que trabajan a destajo, en condiciones deplorables, mientras sus productos se comercializan a precio de oro para mayor gloria de las empresas intermediarias de turno. Tratar de construir una televisión pública sobre las manidas base de contratas con empresas privadas y de explotación de free-lance, aunque aquí los llamemos autónomas a la fuerza, resulta más que sorprendente. Más que sorprendente, resulta imposible. Decíamos antes que una televisión no tiene por qué ser una fuente de derroche, pero tampoco puede hacerse un medio de comunicación de calidad sobre la base de subcontratas. Entre otras razones porque la propia idiosincrasia de nuestra Región, su tremenda dispersión geográfica, obliga a organizar un sistema informativo de delegaciones y corresponsalías que se extiendan por buena parte del territorio para que el vecino de Monesterio se vea reflejado en la televisión extremeño igual que el Mérida y el de Baños de Montemayor igual que el de Cáceres.
Si esos criterios son válidos para la educación o la sanidad, por qué no iban a serlo para la información y la televisión, habrá que recordarlo, es un medio informativo. Unos servicios informativos serios de la radiotelevisión no pueden mantenerse en base de convenios más o menos voluntaristas con emisoras locales, con productoras privadas o con otros grupos de comunicación, sino que necesitan disponer de su propia armazón porque a la postre ese será el sello de identidad de la televisión regional. Si se opta por un modelo de radiotelevisión débil, sin apenas recursos para producir la mayor de su programación, tendremos un medio absolutamente dependiente de los vaivenes del mercado, de los grandes grupos de comunicación o de las coyunturas políticas y no será por tanto un referente sólido a la hora de informar, formar y entretener a los ciudadanos extremeños.
Propugnamos por tanto un modelo de radiotelevisión público acorde con la realidad extremeña, con unas estructuras propias lo suficientemente sólidas como para desempeñar con dignidad y honestidad su cometido. Todo ello sin menoscabo de la obligada cooperación que deberá existir entre la televisión extremeña y el resto de los medios y empresas de comunicación de la Región. Nuestro modelo A través de nuestra argumentación queda claro que los periodistas extremeños somos partidarios de una televisión que inicie su andadura con prontitud. Queremos además que esa televisión sea pública, no sólo en cuanto al nombre, sino también en cuanto su estructura y sus contenidos, entre otras razones porque ese hueco informativo no está cubierto en nuestra Región.
Creemos que la televisión es necesaria no solo para potenciar la industria cultural extremeña, que ya sería un objetivo notable, sino que esa televisión que demandamos es necesaria para toda la sociedad extremeña. Nuestra sociedad está cambiando a toda velocidad por el maridaje de dos sectores en plena ebullición: la informática y las telecomunicaciones. Ese cambio nos está conduciendo a universos aún no explorados como Internet, nuevos modelos de comunicación y negocio, nueva forma de pensar y actuar... Una de las consecuencias de esos cambios, ligados por supuestos a otros fenómenos económicos, es la globalización de la economía, del pensamiento, o de la información. Pero al mismo tiempo que se desarrolla ese fenómeno de la globalización también se da el fenómeno opuesto: la localización, el ámbito local de muchas iniciativas.
Una televisión regional es un instrumento idóneo para moverse entre esas dos fronteras de nuestro tiempo: la globalización y nuestro pequeño universo extremeño. Avanzar hacia lo global sin perder de vista lo local deberá ser una de las metas de la televisión extremeña y quizás incluso su razón de ser. Por otra parte, a nadie se le escapa que Extremadura, son dispersión geográfica y su reducida población, queda fuera de los grandes circuitos en los que se fabrica y elabora la mayoría de la información que circula por las nuevas autopistas culturales, deportivas o informativas.
Desgraciadamente, las grandes empresas (cada más concentradas en menos manos) no van a poner sus ojos en Extremadura con regularidad, a no ser que tomen algún atajo de cuando en cuando para venir a resaltar un hecho puntual, aislado y generalmente poco representativo de nuestra realidad como pueblo. Una televisión regional debe paliar en cierto modo esa situación y convertirse en el espejo en el que Extremadura pueda mirarse sin sentir vergüenza de la imagen que le devuelven las 625 líneas del televisor de turno. La dispersión geográfica de nuestra Región ha sido tradicionalmente, y lo sigue siendo, un handicap para muchos proyectos nacidos en esta tierra.
Por vez primera estamos a las puertas de proyectos que pueden romper las fronteras geográficas y propiciar un acercamiento de todos los pueblos de nuestra comunidad. Una televisión extremeña es necesaria también para seguir forjando nuestra identidad como pueblo, para que el sur vea y ame las tierras del norte, para que el este entienda el acento fronterizo de la raya y para que las ciudades escuchen la voz de las gentes del campo. En la escuela, ligada a las nuevas posibilidades que ofrece la educación; en los campos de fútbol donde juegan los aficionados; en las obras teatrales que se representan en cada pueblo; en las procesiones de la Semana Santa, en los carnavales... es necesaria una televisión extremeña. Para fomentar el diálogo y la tolerancia entre todos los extremeños.
Para propiciar los debates sobre asuntos que nos afectan a todos. Son demasiadas razones los que existen para poner en marcha una televisión pública en Extremadura y escasos los argumentos en contra. Mejor será, por tanto, poner manos a la obra, cuanto antes. Las propuestas En estos momentos en los que el proyecto de crear una televisión regional parece un tanto inseguro queremos aportar nuestras propuestas, con la clara voluntad de colaborar a su puesta en marcha.
Ofrecemos diálogo a todos los sectores de la sociedad extremeña y aportamos nuestros conocimientos y experiencia profesional para ello. Creemos que la Ley de la Televisión que ya ha sido aprobada en la Asamblea de Extremadura puede ser un primer paso para sacar adelante este proyecto, aunque ese proyecto legislativo presenta, en nuestra opinión algunas limitaciones para la profesión periodística y no recoge por el contrario algunas aspiraciones tales como la necesidad de que los trabajadores de los medios públicos extremeños tengan un estatuto que garantice la máxima independencia