En
los últimos meses hay un debate abierto en la sociedad extremeña,
o tal sería mejor decir en los círculos políticos
de la Región, en torno a la conveniencia o no de crear una televisión
pública regional. El debate podría parecer baladí
a estas alturas del milenio cuando las televisiones autonómicas
llevan ya más de una década de funcionamiento en la inmensa
mayoría de las comunidades españolas, pero oyendo lo que
se oye y los silencios que existen en torno a este asunto, hora es ya
de que los periodistas también opinemos de ello. Es nuestro derecho
y también nuestra obligación.
Cierto es que en nuestra Región la clase política ha mostrado
siempre un extraño recelo ante la posibilidad de crear una televisión
pública y por ello se ha ido retrasando un proyecto que en cualquier
región española resulta ya absolutamente cotidiano. Por
unas u otras causas, hasta hace menos de un año no ha comenzado
a debatirse en Extremadura la posibilidad de poner en marcha una televisión
pública regional. Más vale tarde que nunca, suele decirse.
Lamentablemente este debate en torno a la televisión extremeña
ha mostrado muchas deficiencias porque hasta la fecha son escasas las
opiniones profesionales que han terciado en el mismo. Profesionales de
las agencias de publicidad, del mundo del espectáculo, del sector
empresarial, del mundo agrícola... Para cualquiera de esos sectores,
y para muchos otros, sería sumamente positivo el que existiera
en la Región una televisión pública de calidad (ah,
ya salió el concepto de la calidad, pero ese es otro asunto que
trataremos más adelante).
Aceptando que la sociedad extremeña está siendo poco participativa
en este debate acerca de si conviene o no tener una televisión
regional es hora de que los periodistas asumamos el pasivo e indolente
papel que hemos jugado en todo este proceso y decidamos cambiar de actitud.
¿Será porque nadie nos ha querido dar vela en este entierro?
¿Pudiera ser que tengamos lo que merecemos por nuestra mala cabeza
y organización? ¿Tal vez no hayamos sabido tocar las teclas
adecuadas en el momento preciso para que nuestra voz sea escuchada? Sea
lo que sea, hay un debate sobre si es bueno o no que exista una televisión
y aquí estamos, medio millar de periodistas extremeños,
cual convidados de piedra, escuchando decir argumentos en torno a la posibilidad
de que dicha televisión sea analógica o digital, escuchando
que Extremadura no necesita una televisión porque cuesta mucho
dinero, porque nadie la está pidiendo, o escuchando decir que se
puede hacer una televisión pública muy barata con cuatro
convenios con otras tantos productoras.
Tenemos lo que nos merecemos. Los periodistas extremeños no estamos
precisamente en una situación idílica desde el punto de
vista laboral. Hemos venido siendo ninguneados por sindicatos y patronales.
Carecemos de las más mínimas estructuras regionales de defensa
de la profesión. Y seguramente por todos esos motivos y alguno
más hemos asistido como convidados de piedra a un debate sobre
la televisión en el que tenemos mucho que decir, como ciudadanos
extremeños y, fundamentalmente, como profesionales de la comunicación.
Y como más vale tarde que nunca, hora es ya de que los periodistas
dejemos ese papel que siempre nos asignan de espectadores sin voz ni voto
y nos metamos en mitad del debate. Tenemos derecho a ello; estamos obligados
porque la radiotelevisión extremeña es un asunto importante
para Extremadura y no debería dejarse sólo en manos de los
políticos, ni de los profesores, ni de las productoras, ni de los
anunciantes, ni siquiera en manos de los periodistas aunque seamos nosotros
como colectivo profesional los que tenemos la obligación de la
radiotelevisión extremeña sea un vehículo para hacer
una Región más informada, más participativa, más
desarrollada.
Basta comparar unas televisiones con otras para darse cuenta de que los
programas de concursos son iguales en todas, que las retransmisiones de
fútbol o toros son similares acá y allá, que los
programas musicales son parejos en cualquier medio... La gran diferencia
entre una televisión pública de calidad y una televisión
alienante y escapista de la realidad está en sus servicios informativos.
Y los servicios informativos, la información, están, o al
menos deben estar, en manos de periodistas. Por eso resulta tan extraño
que se hable aquí tanto de televisión y nadie hasta la fecha
haya puesto el dedo en la llaga de qué televisión queremos,
cómo hacerla y para qué, con qué criterios y qué
tipo de información necesita la sociedad. Sí a la televisión
Es evidente que los periodistas, como colectivo profesional, defendemos
la necesidad de que Extremadura tenga una radiotelevisión pública
de calidad. Hay voces que pretenden aplazar la puesta en marcha de la
televisión extremeña hasta que pueda emitir en digital.
No compartimos esa opinión, ni siquiera creamos que ese debate
deba ser el punto angular en torno a la puesta en marcha de la televisión
extremeña. No hay ni una sola televisión en nuestro país
que emita exclusivamente en digital y condenar a la televisión
extremeña, que ya lleva años de retraso, a nuevas esperas
no nos parece un ejercicio saludable. Otro reparo que se le está
poniendo a la televisión extremeña es que su precio será
excesivo y que hay necesidades más perentorias en nuestra Región.
No cabe duda que en este tipo de argumentaciones siempre hay cierto fondo
de verdad y ciertas dosis de demagogia. Llevadas hasta sus extremos lógicos
este tipo de aseveraciones conducirían a los poderes públicos
a suprimir de un plumazo cualquier tipo de manifestación cultural,
deportiva, artística, promocional... mientras hubiera un solo ciudadano
que padeciera alguna necesidad básica. No existe ni un solo argumento
serio que obligue a pensar que una inversión en un a medio de comunicación
público sea una inversión económica y social menos
rentable que cualquier otra inversión realizada en cultura, deporte,
educación, ayudas empresariales...
Desde el punto de vista económica, la inversión realizada
en un medio de comunicación como una radiotelevisión regional
implica no sólo generar varias decenas de puestos de trabajo directos
en un sector de vanguardia como es la tecnología de las telecomunicaciones,
sino que además esa inversión generará un amplio
número de iniciativas empresariales, públicas y privadas,
en sectores de interés social para la región como pueden
ser la producción de contenidos audiovisuales, la producción
de espectáculos, el teatro, la música, las agencias de publicidad...
Todo ello sin entrar en consideraciones acerca de lo que supondrá
para la economía y la empresa regional el poder disponer de un
poderoso medio de comunicación que puede ser otro vehículo
de primer orden en la difusión de marcas y mensajes comerciales.
Decenas de puestos de trabajo directo, dinamización de diversos
sectores de la economía regional, generación de empleo en
otros sectores...
Parece una actitud demasiado ligera afirmar que la televisión regional
será un derroche económico sin evaluar previamente los aspectos
positivos para la economía y el empleo y sin perder de vista en
ningún momento que una televisión extremeña debe
adecuar su programación, sus contenidos y, lógicamente,
sus presupuestos a la situación de Extremadura evitando derroches
estériles e inmovilismos absurdos. En esa línea de prudencia,
excesiva a nuestro entender, se sitúan otras opiniones que pretenden
poner un freno a la televisión extremeña alegando que en
realidad no hay una clara demanda social de ese servicio.
En realidad, nadie ha consultado a los ciudadanos extremeños si
están más deseosos de tener una televisión una regional
que otra serie de organismos más o menos conocidos y utilizados
por la ciudadanía. Pero tampoco ese parece argumento de peso. Basta
mirar ejemplos a nuestro alrededor para encontrar decenas de ejemplos
de servicios que son necesarios y que los ciudadanos no reclaman en las
calles. La red ferroviaria extremeña es una de las más impresentables
del país y necesita una reforma radical y urgente, desde hace varios
lustros. ¿Ha habido manifestaciones de extremeños pidiendo
esa reforma ferroviaria? No. ¿Existe esa necesidad? Evidentemente.
Nosotros, como periodistas extremeños, pedimos a los poderes públicos
que adopten las medidas pertinentes para que haya en nuestra Región
una radiotelevisión pública y se acabe la discriminación
que la ciudadanía en general, y nuestro colectivo profesional,
en particular, tenemos con respecto al resto del país. Pedimos
además que ese proyecto se ponga en marcha sin precipitaciones,
pero con la rapidez necesaria para subsanar el atraso extremeño
con respecto a otras comunidades. ¿Qué televisión?
En este incipiente debate sobre la televisión extremeña
hemos escuchado opiniones poco favorables a poner en marcha una televisión
y también hemos visto pronunciamientos a favor de su creación.
Pero algunos de esos pronunciamientos a favor de la televisión
extremeña no dejan de parecer sorprendentes, al menos desde el
escaso nivel de información que la sociedad y nosotros como profesionales
estamos recibiendo. En esa línea de opiniones favorables pero sorprendentes
se incluirían aquellas que pretenden disfrazarse de originales
proponiendo una televisión con unos servicios informativos mínimos
y un amplio paquete de la información en manos de empresas o productoras
privadas. Pretender calificar esa propuesta como singular o novedosa es,
cuando menos descabellado. Desde hace muchos años, los medios de
comunicación están plagados de contratas y subcontratas,
de empresas que venden productos al mejor postor y de multitud de profesionales
que trabajan a destajo, en condiciones deplorables, mientras sus productos
se comercializan a precio de oro para mayor gloria de las empresas intermediarias
de turno. Tratar de construir una televisión pública sobre
las manidas base de contratas con empresas privadas y de explotación
de free-lance, aunque aquí los llamemos autónomas a la fuerza,
resulta más que sorprendente. Más que sorprendente, resulta
imposible. Decíamos antes que una televisión no tiene por
qué ser una fuente de derroche, pero tampoco puede hacerse un medio
de comunicación de calidad sobre la base de subcontratas. Entre
otras razones porque la propia idiosincrasia de nuestra Región,
su tremenda dispersión geográfica, obliga a organizar un
sistema informativo de delegaciones y corresponsalías que se extiendan
por buena parte del territorio para que el vecino de Monesterio se vea
reflejado en la televisión extremeño igual que el Mérida
y el de Baños de Montemayor igual que el de Cáceres.
Si esos criterios son válidos para la educación o la sanidad,
por qué no iban a serlo para la información y la televisión,
habrá que recordarlo, es un medio informativo. Unos servicios informativos
serios de la radiotelevisión no pueden mantenerse en base de convenios
más o menos voluntaristas con emisoras locales, con productoras
privadas o con otros grupos de comunicación, sino que necesitan
disponer de su propia armazón porque a la postre ese será
el sello de identidad de la televisión regional. Si se opta por
un modelo de radiotelevisión débil, sin apenas recursos
para producir la mayor de su programación, tendremos un medio absolutamente
dependiente de los vaivenes del mercado, de los grandes grupos de comunicación
o de las coyunturas políticas y no será por tanto un referente
sólido a la hora de informar, formar y entretener a los ciudadanos
extremeños.
Propugnamos por tanto un modelo de radiotelevisión público
acorde con la realidad extremeña, con unas estructuras propias
lo suficientemente sólidas como para desempeñar con dignidad
y honestidad su cometido. Todo ello sin menoscabo de la obligada cooperación
que deberá existir entre la televisión extremeña
y el resto de los medios y empresas de comunicación de la Región.
Nuestro modelo A través de nuestra argumentación queda claro
que los periodistas extremeños somos partidarios de una televisión
que inicie su andadura con prontitud. Queremos además que esa televisión
sea pública, no sólo en cuanto al nombre, sino también
en cuanto su estructura y sus contenidos, entre otras razones porque ese
hueco informativo no está cubierto en nuestra Región.
Creemos que la televisión es necesaria no solo para potenciar la
industria cultural extremeña, que ya sería un objetivo notable,
sino que esa televisión que demandamos es necesaria para toda la
sociedad extremeña. Nuestra sociedad está cambiando a toda
velocidad por el maridaje de dos sectores en plena ebullición:
la informática y las telecomunicaciones. Ese cambio nos está
conduciendo a universos aún no explorados como Internet, nuevos
modelos de comunicación y negocio, nueva forma de pensar y actuar...
Una de las consecuencias de esos cambios, ligados por supuestos a otros
fenómenos económicos, es la globalización de la economía,
del pensamiento, o de la información. Pero al mismo tiempo que
se desarrolla ese fenómeno de la globalización también
se da el fenómeno opuesto: la localización, el ámbito
local de muchas iniciativas.
Una televisión regional es un instrumento idóneo para moverse
entre esas dos fronteras de nuestro tiempo: la globalización y
nuestro pequeño universo extremeño. Avanzar hacia lo global
sin perder de vista lo local deberá ser una de las metas de la
televisión extremeña y quizás incluso su razón
de ser. Por otra parte, a nadie se le escapa que Extremadura, son dispersión
geográfica y su reducida población, queda fuera de los grandes
circuitos en los que se fabrica y elabora la mayoría de la información
que circula por las nuevas autopistas culturales, deportivas o informativas.
Desgraciadamente, las grandes empresas (cada más concentradas en
menos manos) no van a poner sus ojos en Extremadura con regularidad, a
no ser que tomen algún atajo de cuando en cuando para venir a resaltar
un hecho puntual, aislado y generalmente poco representativo de nuestra
realidad como pueblo. Una televisión regional debe paliar en cierto
modo esa situación y convertirse en el espejo en el que Extremadura
pueda mirarse sin sentir vergüenza de la imagen que le devuelven
las 625 líneas del televisor de turno. La dispersión geográfica
de nuestra Región ha sido tradicionalmente, y lo sigue siendo,
un handicap para muchos proyectos nacidos en esta tierra.
Por vez primera estamos a las puertas de proyectos que pueden romper las
fronteras geográficas y propiciar un acercamiento de todos los
pueblos de nuestra comunidad. Una televisión extremeña es
necesaria también para seguir forjando nuestra identidad como pueblo,
para que el sur vea y ame las tierras del norte, para que el este entienda
el acento fronterizo de la raya y para que las ciudades escuchen la voz
de las gentes del campo. En la escuela, ligada a las nuevas posibilidades
que ofrece la educación; en los campos de fútbol donde juegan
los aficionados; en las obras teatrales que se representan en cada pueblo;
en las procesiones de la Semana Santa, en los carnavales... es necesaria
una televisión extremeña. Para fomentar el diálogo
y la tolerancia entre todos los extremeños.
Para propiciar los debates sobre asuntos que nos afectan a todos. Son
demasiadas razones los que existen para poner en marcha una televisión
pública en Extremadura y escasos los argumentos en contra. Mejor
será, por tanto, poner manos a la obra, cuanto antes. Las propuestas
En estos momentos en los que el proyecto de crear una televisión
regional parece un tanto inseguro queremos aportar nuestras propuestas,
con la clara voluntad de colaborar a su puesta en marcha.
Ofrecemos diálogo a todos los sectores de la sociedad extremeña
y aportamos nuestros conocimientos y experiencia profesional para ello.
Creemos que la Ley de la Televisión que ya ha sido aprobada en
la Asamblea de Extremadura puede ser un primer paso para sacar adelante
este proyecto, aunque ese proyecto legislativo presenta, en nuestra opinión
algunas limitaciones para la profesión periodística y no
recoge por el contrario algunas aspiraciones tales como la necesidad de
que los trabajadores de los medios públicos extremeños tengan
un estatuto que garantice la máxima independencia
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