03-05-2003

Manifiesto de la FAPE en el Día Mundial de la Libertad de Prensa

Un año más, el Día Mundial de la Libertad de Prensa se celebra con tristeza. No se trata sólo de las cifras estadísticas de los periodistas muertos en todo el mundo por informar con honradez y de acuerdo con los principios de la Ética profesional. Es algo más grave: la comprobación de que la libertad de expresión, la libertad de prensa ha dado un paso atrás en el mundo.

Desde que la Asamblea general de la FAPE se concentró el pasado año en Baeza, ante el busto de Antonio Machado, símbolo siempre de libertad, en plena guerra de Afganistán para condenar los crímenes contra los periodistas, el mundo llamado civilizado ha intervenido en otra guerra, la de Irak. Sólo en esta contienda, de poco más de tres semanas de duración, han muerto 11 periodistas y otros 4 se dan por desaparecidos. España, desgraciadamente, ha contribuido con dos informadores a ese número de muertos: Julio Anguita Parrado, corresponsal del periódico “El Mundo”, y José Couso, cámara de Telecinco. La seguridad que requieren los corresponsales independientes que informan desde las zonas de conflicto dista mucho de estar garantizada. Es más, José Couso, resultó víctima del “fuego amigo”, del fuego de ese primer mundo que tiene el deber de proteger a los informadores pues mantiene a la libertad de prensa como uno de los pilares básicos de su civilización.

La primera víctima de una guerra es siempre la verdad. La gran dificultad, el gran reto, es informar sobre el conflicto bélico sin someterse a presiones, libremente, con honradez profesional, con la verdad por delante. Los periodistas sabemos que eso no gusta al poder y por ello denunciamos las muertes de Couso y sus compañeros, así como los bombardeos de los centros de información como las sedes de las televisiones Al Yazira y Abu DabiTV en Bagdad.

Por desgracia, la libertad de prensa no sólo muere en las guerras. En muchos países se persigue a los periodistas y se les encarcela y se les condena, exclusivamente porque su información o sus opiniones no complacen al poder político. Está muy reciente la herida que ha infligido el Gobierno cubano a la libertad de expresión. Una veintena de periodistas fueron, primero detenidos, y luego juzgados y condenados a elevadas penas de prisión. Entre ellos, Raúl Rivero, periodista y poeta disidente, premio Reporteros sin Fronteras 1997, que fue condenado a veinte años de cárcel. Durante el juicio se le acusó del grave crimen de “escribir contra el gobierno”.

En España, hay que denunciar públicamente la brutal detención de un grupo de periodistas por la policía gibraltareña. Seis informadores fueron arrestados y golpeados cuando informaban de una protesta de Greenpeace en la bahía de Gibraltar, por la presencia de petroleros, tipo “Prestige”. Dos de ellos están pendientes de juicio. Es la eterna postura del poder: encarcelar y juzgar al que da “malas noticias”.

Y la FAPE, junto con la Asociación de la Prensa de Madrid, tiene entablada su lucha particular para conseguir que se cambie la nueva Ley de Enjuiciamiento civil que, al permitir la ejecución provisional de las sentencias indemnizatorias, pone claramente en peligro el pluralismo informativo y, por consiguiente, la libertad de prensa. Varias sentencias contra medios y periodistas así lo han puesto de manifiesto. Al menos en esta cuestión el Ministro de Justicia español se ha comprometido a estudiar el caso y modificar la Ley. Mayores problemas plantea el intento privatizador, incluso de los servicios informativos, de la televisión pública valenciana. La Unión de periodistas valencianos y la FAPE consideran que esa privatización va a constituir un nuevo atentado contra el pluralismo informativo en nuestro país.

En el Día Mundial de la Libertad de Prensa 2003, se puede hablar de claro retroceso. Gobiernos y países, entidades económicas globales o nacionales, grupos de poder o simplemente mafiosos quieren y consiguen silenciar a los periodistas. Bombardeos de centros de comunicación, tanques de “fuego amigo”, encarcelamientos, procesos y condenas, secuestros de informadores, expulsiones, asesinatos de periodistas, atentados contra profesionales, presiones sobre la información…¡Quién diría que la libertad de prensa es clave fundamental de la democracia!

Un año más, sin embargo, la FAPE como tantas otras organizaciones profesionales de periodistas de todo el mundo, hace profesión de fe en este Día Internacional de la Libertad de Prensa, porque aunque se asesine al mensajero, los periodistas sabemos que nada ni nadie puede matar el mensaje.