Angel Briz Hernández
La ciudad cumple en 2003 veinte años de su designación como capital autonómica y diez de su nombramiento por la UNESCO como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

"Mérida 2003: Veinte años de capitalidad y diez de Patrimonio de la Humanidad"

Antes del eulaliense 2004 la capital extremeña celebrará el próximo año dos acontecimientos que marcaron su historia más reciente. En febrero de 2003 se cumplen veinte años de su designación como capital autonómica y, en diciembre precisamente, los diez años del nombramiento como Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en una reunión celebrada en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias.
El año 1.983 fue especial para la ciudad. El día de Reyes los jóvenes tomaron la calle Comandante Castejón y cambiaron su nombre por el de John Lennon. Meses antes habían estado recogiendo firmas para tal fin (lograron 4.000) a través de un programa que se realizó en la Cadena SER -entonces en unas dependencias del hotel Emperatriz, hoy Meliá Boutique- y, con posterioridad, la Corporación Municipal aceptó su propuesta en pleno. Cómo negarse a tanta firma y a un movimiento juvenil de mucha fuerza. Hubo polémica, claro. ¿Por qué no Julio Iglesias o Antonio Molina?, dijeron algunos. Al final, la calle también cumplirá los veinte años.
Fue aquél un año histórico porque en mayo se despidió una Corporación que había entrado en la historia; sus entonces 20 integrantes nacieron de las primeras elecciones democráticas de 1.979. Entre aquellos 20 concejales estaban Ángel Calle o Julia Ferreira, que escucharon del secretario la lectura de un escrito de la Universidad notificando el acuerdo de la Junta de Gobierno al informar de forma favorable, en parte, la solicitud presentada por el ayuntamiento sobre la estatalización de la Escuela Politécnica, en sus secciones de Informática y Topografía. La estatalización no afectaba a Topografía porque había pocos alumnos, y además se pide que el ayuntamiento proporcione un edificio y que la plantilla se negocie por la Universidad con el Ministerio de Educación y Ciencia. La lucha, como se ve, viene de muy largo. En aquel pleno de despedida falta el concejal Luis Ortiz, fallecido ese año.
El 19 de enero, el presidente de la Junta remite al alcalde un telegrama que dice así: “La sede de la Junta y del Parlamento se fija en Mérida, que es la capital de Extremadura. Aprobado en la Comisión Constitucional por unanimidad. Hoy es un día grande para Mérida. Te felicito y me felicito como emeritense y extremeño”. Ese mismo día comienza la carrera por encontrar espacios disponibles para el traslado de los órganos de gobierno de la entonces Junta Regional de Extremadura a Mérida, y Rodríguez Ibarra pide que nadie se intente aprovechar de las vacas gordas ya que, “si ponen los precios muy elevados el traslado urgente que pretendemos hacer se podría ver imposibilitado, ya que la Junta cuenta con un presupuesto ridículo y no tenemos dinero como para ir tirándolo”. Exactamente eran 180 millones de pesetas.

A MARCHA FORZADA
La entonces Permanente Municipal del ayuntamiento de Mérida (hoy Comisión de Gobierno) pide en su primera reunión de marzo a la Junta que el Día de Extremadura se celebre el 26 de febrero, día de la publicación en el Boletín Oficial del Estado de la ley orgánica que aprueba el Estatuto de Extremadura. Eso dice el periódico de la época, aunque en realidad fue el 25 de febrero cuando se aprueba la ley del Estatuto, que se publica en el BOE del día 26. Por tanto, es el 25 de febrero la fecha oficial de la aprobación del Estatuto de Autonomía y de la designación de Mérida como capital de Extremadura.
A marcha forzada se inicia la construcción de un Parlamento en la capilla del Parador Vía de la Plata, que acogerá a los integrantes de la Asamblea Provisional, aunque en principio se llegó a pensar en el conventual santiaguista para tal fin. Tras la reunión del Parador podía decirse que la autonomía de la región era efectiva.
1.983 es, además, el año de la nieve, que coincide con los carnavales; el de la II Feria del Libro, la segunda edición del torneo de baloncesto “Manuel Flores” o el de la compra por el ayuntamiento de “Galerías de las Heras” que, a finales de 1.981, había desaparecido por un incendio. En el cine Navia se pueden ver “Grease 2” o “Lo que el viento se llevó”. Miguelín Murillo, padre del actual novillero del mismo nombre, tiene 17 años y comparte los ruedos con el también emeritense Javier Moreno, que este año sale de la plaza de toros de Pastrana (Guadalajara) con una órbita vacía tras una cogida.

CARTAGENA DE INDIAS
Más reciente está la fecha del segundo cumpleaños. Los primeros días de diciembre son algo especial para los emeritenses. El día 4 se celebraba hasta hace bien poco Santa Bárbara, patrona del Arma de Artillería, muy vinculada a una ciudad de una tradición militar; el día 6 la Corporación celebra desde 1.978 la aprobación de la Constitución; el 8 de diciembre el ayuntamiento reitera la solemne promesa que sus antepasados en el gobierno municipal iniciaron el año 1.620 y renueva el voto de la Inmaculada Concepción; y el día 10 la patrona Santa Eulalia.
Pero la víspera de la festividad de Santa Eulalia de 1.993 nos iba a traer otra distinción especial para añadir a estos días tan espaciales de “emeritensismo”. En la ciudad colombiana de Cartagena de Indias, la UNESCO designó a Mérida como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.
El tañido de las campanas de las iglesias emeritenses anunciaron la consecución del preciado galardón la mañana del 9 de diciembre de aquél año, y el alcalde convocó con urgencia a los concejales y a las primeras autoridades para celebrarlo con una reunión simbólica en el salón de actos, donde se brindó por el nombramiento.
El 9 de diciembre de 2.003 se cumplirán diez años de aquél momento, de la aprobación de un expediente que mereció los elogios de quienes lo debatieron y aprobaron. Ninguna de las dos conmemoraciones debería pasar desapercibida.