Primer Capítulo del conocido libro "Historia de la Ciudad de Mérida" escrito por Bernabe Moreno de Vargas en 1633

"Del sitio de la ciudad de Mérida y lo que en sí contiene".

 

En España, en la provincia que los antiguos llamaron Lusitania, en la parte que tuvo nombre de Vetona, en sitio levantado y eminente, fue fundada la muy noble y antigua ciudad de Mérida, ribera del memorable río Guadiana, que le baña sus hermosos muros por la parte del Mediodía, haciéndola muy vistosa y alegre, conforme a lo que dijo el santo rey David (Psalm. 45) “Fluminis ímpetus laetificat Civitatem”; y lo describió así en los años del Señor de 400 el poeta insigne y católico Aurelio Prudencia (In Hymno S. Eulaliae)

Nunc locus Emerita este tumulo
Clara Colonia Vettoniae
Quam memorabilis amnis Ana
Praeterit, et viridante rapax
Gurgite moenia pulchra labat.

Estrabón dice, que estaba entre los túrdulos, y Tolomelo en los célticos, el cual, y Abraham Orelio, en sus cosmografías, la ponen en treinta y ocho grados y medio de altura.

Estuvo fundada por la parte oriental en el principio de la Lusitania, como cabeza que fue de esta provincia, muy cerca de la Tarraconense, cuyos pueblos Oretanos llegaban adonde ahora está Villanueva de la Serena, siete leguas de Mérida, confinaba con la Bética por el medio día, y tan cerca, que no estaba más que el río Guadiana en medio. Porque como esta ciudad fue plaza de armas, y la más principal que los romanos tuvieron en España, era conveniente estuviese en sitio tal que pudiese dar las manos con facilidad y presteza a todas tres provincias, en que entonces la tuvieron dividida.

En el tiempo de los romanos fue Mérida ciudad muy célebre e ilustre, así por la grandeza y suntuosidad de sus edificios, como por la riqueza, poder y majestad de sus moradores.

Mucho más lo fue siendo señoreada por los godos, por la santa Iglesia Metropolitana que tuvo, adonde presidieron prelados santos y varones apostólicos. Y aunque la general invasión y entrada de los moros árabes en España destruyó y asoló muchas de sus ciudades, y Mérida tuvo bastantes ocasiones para ello, fue nuestro Señor servido de conservarla, si ya no en aquella grandeza, en otra menor que hoy permanece.

Su sitio es ahora el mismo que tuvo en la antigüedad, en Extremadura, en el Maestrazgo de la Orden militar del Apóstol Santiago, en su provincia de León, cuya principal ciudad es, la cual su jurisdicción y términos están rodeados de los partidos de Llerena y Montánchez, que son de la misma provincia de León, y con los de Medellín, Cáceres y Badajoz.

Comprende la jurisdicción y distrito de Mérida, trece aldeas y quince villas. Tiene muchas viñas, huertas, olivares, prados y dehesas de fértiles pastos, y copiosos montes que la hacen abundantes de todo género de caza, leña, fruta y hortaliza.

Además del río Guadiana, corren cerca de ella otros de menor nombre, con que es abundadísima de pesca. Es fertilísima de trigo, cebada, centeno, habas, garbanzos, vino, aceite, miel y cálao, y de todo género de ganados, particularmente de vacas y ovejas, en que tratan mucho sus naturales que enriquecen las ferias de Extremadura.

Plinio alaba mucho las aceitunas enseradas en Mérida. “Sunt et praedulces per se tantum ficatae, uvisque; passis dulciores admodum rarae in Africa, et circa Emeritam Lusitaniae”. Tan dulces dice que eran como las pasas que se hacen uvas: hoy se reconoce en ellas esta dulzura, particularmente las que se enseran en Villafranca y Fuente del Maestre.

También dijo el mismo Plinio que cerca de Mérida se cogía la grana fina: “Cum Galatiae rubens granum, ut dicemus insterrestribus, aut circa Emeritam Lusitaniae”. Y no es pequeña la cosecha que ahora se hace de grana en su contorno.

La grandeza del circuito de esta ciudad será hoy de poco más de mil vecinos, porque mucha parte de su grande y antigua población está hecha cercas y cortinales. Tiene las calles largas y derechas, y una excelente plaza cuadrada, rodeada de portales por las tres partes, con una vistosa fuente de abundante agua en el medio, adonde los martes de cada semana se hace un rico y abundante mercado, y dos ferias en el año.

Tiene un espacioso Arrabal a la parte del Setentrión, con muchas casas, templos, fuentes y alameda, que hacen majestuosa la entrada a la ciudad a los que vienen de la corte, como asimismo lo es la salida a Sevilla y Lisboa, por la admirable puente que tiene sobre el río Guadiana, contigua a los muros de su castillo y fortaleza.

El temperamento de Mérida es bueno y sano (Sorapan en la “Medicina Española”), que por ser así los romanos escogieron este sitio para su colonia y principal habitación en España: y así en todos tiempos ha tenido hombres muy viejos, y siempre tuviera muchos si el vicio y desorden de la vida no lo estorbara.

Es en invierno más templada que fría. En el verano le duran mucho los calores, y si bien algunos quieren dar razones naturales para ello, y de no haber caído rayos de los muros adentro (que tan advertidamente como esto fue escogido el sitio de si fundación) lo cierto es la libra Dios de estos daños por la intercesión trona, y de los muchos santos mártires que en esta ciudad derramaron su sangre por la fe de Jesucristo Nuestro Señor, de cuyas reliquias, y de las de otros sus santos confesores, tiene un rico y copioso tesoro.

Sus naturales son valientes y de muchas presunción, y por esto altivos y holgazanes. Tiene muchos caballeros e hijosdalgo, que son afables y corteses con todo género de gentes, particularmente con los forasteros, por cuya causa se hallan aquí muy acomodados.

Ha tenido y tiene muchos varones insignes en religión, letras y armas, si bien ha tocado la infelicidad de su patria, pues permanecen pocos en la altura que consiguen, y es cosa admirable que generalmente en los naturales de esta ciudad apenas se conserva igualdad de padres a hijos, así en el estado como en la hacienda. Pero su ánimo marcial y valeroso les hace que todos, pobres y ricos, se traten con igual respeto y pundonor.

En cuanto a su gobierno, en lo eclesiástico está sujeta al prior del real convento de S. Marcos de León, de la orden de Santiago, que algunos años estuvo en el alcázar fortaleza de esta ciudad (que es muy grande y capaz de un razonable pueblo). Tiene el prior su vicario general para toda la provincia reside en Mérida, y en sus ausencias su provisor o teniente, y esto sin vicario perpetuo que de muy antiguo en ella hay. Tiene obispo titular con renta señaladas, tres parroquias, dos en Santa María con sus curas, abad y cabildo de clérigos, y otra en Santa Eulalia, con el vicario perpetuo de la ciudad, tres conventos de frailes, otros tres de monjas, un hospital, siete ermitas con muchas fundaciones de cofradías, y obras pías.

En lo secular está sujeta al rey nuestro señor, que también como administrador perpetuo que es de la orden militar de Santiago, conoce de las causas seculares y eclesiásticas, y de ambas su Real Consejo de las Órdenes.

Tiene un gobernador caballero de la Orden, un alcalde mayor y veinte y cuatro regidores perpetuos, y cuando salen en cuerpo de la ciudad, llevan dos maceros delante, porque todavía retiene el título de Señoría y otras excelencias, rastros de aquella grandeza antigua que del todo su inconstante fortuna no le he podido quitar.

Esto es lo que por mayor en sí contiene la ciudad de Mérida, de lo cual, y de los varios sucesos que ha tenido desde su fundación hasta el estado presente, y de sus grandezas y antigüedades, descubriendo muchas que tocan a España, he de tratar en esta su historia; si ya no fuere con alto y superior estilo, será con brevedad, y resolución, apoyo de razones naturales y crédito de autores fidedignos.

Dios Nuestro Señor me conceda su soberano auxilio, por intercesión de la reina de los ángeles la Virgen Santa María, concebida sin pecado original, y de nuestra heroica patrona la mártir Santa Eulalia, a quienes humildemente suplico me sean valerosas en esta empresa que con amor de la patria he tomado, tan desigual a mis fuerzas y talento.