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En
España, en la provincia que los antiguos llamaron Lusitania,
en la parte que tuvo nombre de Vetona, en sitio levantado y eminente,
fue fundada la muy noble y antigua ciudad de Mérida, ribera del
memorable río Guadiana, que le baña sus hermosos muros
por la parte del Mediodía, haciéndola muy vistosa y alegre,
conforme a lo que dijo el santo rey David (Psalm. 45) “Fluminis
ímpetus laetificat Civitatem”; y lo describió así
en los años del Señor de 400 el poeta insigne y católico
Aurelio Prudencia (In Hymno S. Eulaliae)
Nunc
locus Emerita este tumulo
Clara Colonia Vettoniae
Quam memorabilis amnis Ana
Praeterit, et viridante rapax
Gurgite moenia pulchra labat.
Estrabón
dice, que estaba entre los túrdulos, y Tolomelo en los célticos,
el cual, y Abraham Orelio, en sus cosmografías, la ponen en treinta
y ocho grados y medio de altura.
Estuvo
fundada por la parte oriental en el principio de la Lusitania, como
cabeza que fue de esta provincia, muy cerca de la Tarraconense, cuyos
pueblos Oretanos llegaban adonde ahora está Villanueva de la
Serena, siete leguas de Mérida, confinaba con la Bética
por el medio día, y tan cerca, que no estaba más que el
río Guadiana en medio. Porque como esta ciudad fue plaza de armas,
y la más principal que los romanos tuvieron en España,
era conveniente estuviese en sitio tal que pudiese dar las manos con
facilidad y presteza a todas tres provincias, en que entonces la tuvieron
dividida.
En
el tiempo de los romanos fue Mérida ciudad muy célebre
e ilustre, así por la grandeza y suntuosidad de sus edificios,
como por la riqueza, poder y majestad de sus moradores.
Mucho
más lo fue siendo señoreada por los godos, por la santa
Iglesia Metropolitana que tuvo, adonde presidieron prelados santos y
varones apostólicos. Y aunque la general invasión y entrada
de los moros árabes en España destruyó y asoló
muchas de sus ciudades, y Mérida tuvo bastantes ocasiones para
ello, fue nuestro Señor servido de conservarla, si ya no en aquella
grandeza, en otra menor que hoy permanece.
Su
sitio es ahora el mismo que tuvo en la antigüedad, en Extremadura,
en el Maestrazgo de la Orden militar del Apóstol Santiago, en
su provincia de León, cuya principal ciudad es, la cual su jurisdicción
y términos están rodeados de los partidos de Llerena y
Montánchez, que son de la misma provincia de León, y con
los de Medellín, Cáceres y Badajoz.
Comprende
la jurisdicción y distrito de Mérida, trece aldeas y quince
villas. Tiene muchas viñas, huertas, olivares, prados y dehesas
de fértiles pastos, y copiosos montes que la hacen abundantes
de todo género de caza, leña, fruta y hortaliza.
Además
del río Guadiana, corren cerca de ella otros de menor nombre,
con que es abundadísima de pesca. Es fertilísima de trigo,
cebada, centeno, habas, garbanzos, vino, aceite, miel y cálao,
y de todo género de ganados, particularmente de vacas y ovejas,
en que tratan mucho sus naturales que enriquecen las ferias de Extremadura.
Plinio
alaba mucho las aceitunas enseradas en Mérida. “Sunt et
praedulces per se tantum ficatae, uvisque; passis dulciores admodum
rarae in Africa, et circa Emeritam Lusitaniae”. Tan dulces dice
que eran como las pasas que se hacen uvas: hoy se reconoce en ellas
esta dulzura, particularmente las que se enseran en Villafranca y Fuente
del Maestre.
También
dijo el mismo Plinio que cerca de Mérida se cogía la grana
fina: “Cum Galatiae rubens granum, ut dicemus insterrestribus,
aut circa Emeritam Lusitaniae”. Y no es pequeña la cosecha
que ahora se hace de grana en su contorno.
La
grandeza del circuito de esta ciudad será hoy de poco más
de mil vecinos, porque mucha parte de su grande y antigua población
está hecha cercas y cortinales. Tiene las calles largas y derechas,
y una excelente plaza cuadrada, rodeada de portales por las tres partes,
con una vistosa fuente de abundante agua en el medio, adonde los martes
de cada semana se hace un rico y abundante mercado, y dos ferias en
el año.
Tiene
un espacioso Arrabal a la parte del Setentrión, con muchas casas,
templos, fuentes y alameda, que hacen majestuosa la entrada a la ciudad
a los que vienen de la corte, como asimismo lo es la salida a Sevilla
y Lisboa, por la admirable puente que tiene sobre el río Guadiana,
contigua a los muros de su castillo y fortaleza.
El
temperamento de Mérida es bueno y sano (Sorapan en la “Medicina
Española”), que por ser así los romanos escogieron
este sitio para su colonia y principal habitación en España:
y así en todos tiempos ha tenido hombres muy viejos, y siempre
tuviera muchos si el vicio y desorden de la vida no lo estorbara.
Es
en invierno más templada que fría. En el verano le duran
mucho los calores, y si bien algunos quieren dar razones naturales para
ello, y de no haber caído rayos de los muros adentro (que tan
advertidamente como esto fue escogido el sitio de si fundación)
lo cierto es la libra Dios de estos daños por la intercesión
trona, y de los muchos santos mártires que en esta ciudad derramaron
su sangre por la fe de Jesucristo Nuestro Señor, de cuyas reliquias,
y de las de otros sus santos confesores, tiene un rico y copioso tesoro.
Sus
naturales son valientes y de muchas presunción, y por esto altivos
y holgazanes. Tiene muchos caballeros e hijosdalgo, que son afables
y corteses con todo género de gentes, particularmente con los
forasteros, por cuya causa se hallan aquí muy acomodados.
Ha
tenido y tiene muchos varones insignes en religión, letras y
armas, si bien ha tocado la infelicidad de su patria, pues permanecen
pocos en la altura que consiguen, y es cosa admirable que generalmente
en los naturales de esta ciudad apenas se conserva igualdad de padres
a hijos, así en el estado como en la hacienda. Pero su ánimo
marcial y valeroso les hace que todos, pobres y ricos, se traten con
igual respeto y pundonor.
En
cuanto a su gobierno, en lo eclesiástico está sujeta al
prior del real convento de S. Marcos de León, de la orden de
Santiago, que algunos años estuvo en el alcázar fortaleza
de esta ciudad (que es muy grande y capaz de un razonable pueblo). Tiene
el prior su vicario general para toda la provincia reside en Mérida,
y en sus ausencias su provisor o teniente, y esto sin vicario perpetuo
que de muy antiguo en ella hay. Tiene obispo titular con renta señaladas,
tres parroquias, dos en Santa María con sus curas, abad y cabildo
de clérigos, y otra en Santa Eulalia, con el vicario perpetuo
de la ciudad, tres conventos de frailes, otros tres de monjas, un hospital,
siete ermitas con muchas fundaciones de cofradías, y obras pías.
En
lo secular está sujeta al rey nuestro señor, que también
como administrador perpetuo que es de la orden militar de Santiago,
conoce de las causas seculares y eclesiásticas, y de ambas su
Real Consejo de las Órdenes.
Tiene
un gobernador caballero de la Orden, un alcalde mayor y veinte y cuatro
regidores perpetuos, y cuando salen en cuerpo de la ciudad, llevan dos
maceros delante, porque todavía retiene el título de Señoría
y otras excelencias, rastros de aquella grandeza antigua que del todo
su inconstante fortuna no le he podido quitar.
Esto
es lo que por mayor en sí contiene la ciudad de Mérida,
de lo cual, y de los varios sucesos que ha tenido desde su fundación
hasta el estado presente, y de sus grandezas y antigüedades, descubriendo
muchas que tocan a España, he de tratar en esta su historia;
si ya no fuere con alto y superior estilo, será con brevedad,
y resolución, apoyo de razones naturales y crédito de
autores fidedignos.
Dios
Nuestro Señor me conceda su soberano auxilio, por intercesión
de la reina de los ángeles la Virgen Santa María, concebida
sin pecado original, y de nuestra heroica patrona la mártir Santa
Eulalia, a quienes humildemente suplico me sean valerosas en esta empresa
que con amor de la patria he tomado, tan desigual a mis fuerzas y talento.

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