Benito Díaz Pizarro
La Escuela de la Administración Pública de Extremadura, dependiente de la Consejería de Presidencia, invitó a la Asociación de la Prensa de Mérida a participar, como ponente, en el Curso de Formación “Jornadas sobre Salud Mental”, enmarcado dentro del Plan de Formación de la Junta de Extremadura para el año 2002.

El citado curso se celebró en Mérida, durante los días 9 y 10 de octubre de 2002, y la ponencia de la Asociación de la Prensa de Mérida fue escrita y pronunciada por el socio Benito Díaz..

"La imagen del paciente en los medios de comunicación"

Buenas tardes. En primer lugar, debo decirles que yo no soy ningún especialista en Sanidad, ni mucho menos en Salud Mental. Algunos de ustedes pensarán “pues vaya una cosa, ya sabemos que usted es periodista”, pero no les estoy diciendo ninguna obviedad. Lo que digo es que no soy un periodista especialista en temas de Sanidad, como no lo es prácticamente ninguno de los que trabaja en Extremadura. De hecho, sólo existe en los medios extremeños un espacio monográfico de sanidad, el programa de la Cadena SER “Ser Saludables”, que conduce Victoria Moreno cada lunes, de 7 a 8 de la tarde, y habla de muy diversas cuestiones, en contadas ocasiones de salud mental.

Por tanto, no hay en Extremadura periodistas especialistas en temas de salud mental. Esta aclaración es básica, no como excusa barata, sino como pura realidad, para entender lo que voy a plantear ahora: en los grandes medios nacionales, los asuntos se abordan por secciones temáticas y son muchos los redactores contratados. En esos casos, al igual que en las publicaciones específicas de salud, sí es posible y sí que existe la especialización. Una especialización que, fuera de los grandes medios nacionales y de las grandes ciudades, no se puede ni plantear, aunque fuese muy recomendable, por falta de tiempo y de personal.

En el caso de Extremadura y de otras muchas Comunidades Autónomas, los medios regionales escritos tratan los asuntos, salvo el deporte, por secciones geográficas, es decir, hay páginas de región, de Mérida o Badajoz, pero los espacios temáticos (política, sociedad, cultura...) se hacen desde fuera. En las cadenas de televisión o de radio nacionales con presencia en Extremadura, ocurre exactamente lo mismo, con el añadido de que las emisoras son, en realidad, los corresponsales en cada región para informar a Madrid de lo que pasa en su ámbito geográfico de influencia.

En definitiva, al haber un planteamiento geográfico y no temático, los periodistas extremeños tratan todo tipo de asuntos, con lo que el tener profesionales expertos en diversas cuestiones resulta inviable, mucho más, cuando las plantillas no son precisamente amplias.

Esto es clave para entender el tratamiento informativo de cualquier asunto, incluida la salud mental. Médicos, asociaciones, familiares y pacientes deben tener siempre en cuenta que el periodista al que se dirigen o con el que hablan no conoce ni la cuarta parte de lo que ellos sí conocen sobre la enfermedad que sea. Es decir, el redactor o reportero, como le sucede a gran parte de la sociedad a la que tiene que informar, es un no iniciado, con todo lo que eso supone para bien y para mal.

¿Qué implica ser un no iniciado?

Antes que nada, exige sencillez en el lenguaje y en la exposición. Al no tener grandes conocimientos del asunto, el periodista ha de recibir de su fuente informativa (médico, asociación de familiares, enfermo...) todos los datos que resulten necesarios. Lógicamente, el redactor o reportero intentará aclarar sus dudas a través de preguntas a la fuente, pero habrá ocasiones en que no todo quede aclarado, surjan errores y se produzca una situación de malestar. Por eso, en la medida de lo posible, hay que evitar equivocaciones, dirigiéndose a los periodistas con la conciencia de que éstos tienen una cultura general, pero no particular sobre el asunto, y eludiendo el lenguaje excesivamente técnico y las disquisiciones demasiado complejas.

En consecuencia, cuando el redactor plantea, por ejemplo, “doctor, cuéntenos qué es la depresión de forma que cualquiera que nos esté escuchando en casa pueda entenderlo”, no se está utilizando una fórmula retórica, sino que, literalmente, se está pidiendo que se comenten pormenores de la enfermedad, ya que el medio de comunicación se dirige a un público muy amplio y heterogéneo, no a médicos.

Todo lo expuesto nos lleva a una conclusión clara: la imagen del paciente en los medios de comunicación, al ser profanos en la materia, será siempre el resultado de una pugna entre lo que transmite la sociedad, con sus prejuicios, sus mitos y sus miedos, y lo que transmiten los expertos en salud mental con sus visiones normalizadas, que buscan acabar precisamente con esos prejuicios negativos.

Por tanto, existen dos realidades actuales en los medios de comunicación que luchan en sentido contrario. Por un lado, la identificación, más frecuente de lo deseable, entre enfermedad mental y violencia, que perdura en nuestra sociedad y que los medios contribuyen a reforzar, sobre todo en las páginas de sucesos, y, por otro, el acercamiento general, desde un afán imparcial del periodista por conocer todos los pormenores, normalmente coincidiendo con una efeméride, como es el Día Internacional o el Día Mundial de lo que sea.

En definitiva, hay un camino en negativo y otro en positivo.

En el primer supuesto, la información de sucesos siempre ha vendido en los medios de comunicación y, de unos años a esta parte, aún más, produciéndose una presencia cada vez mayor en los medios generales, al tiempo que decaen los medios que podríamos llamar específicos, como podía ser el famoso El Caso.

En esas noticias de sucesos, casi siempre que el agresor, homicida o cualquier otro sujeto activo de los hechos es enfermo mental se suele destacar y se suele emplear, ahí está lo más grave, como explicación perfectamente factible de lo acontecido. Esta práctica refuerza el estereotipo negativo ya existente en la sociedad del enfermo mental y, sobre todo en los casos como el de la esquizofrenia, convierte en verdugo a la víctima y trata como delincuente a una persona que realmente no lo es.

Hay que admitir que estas informaciones no son completas, porque se transmite la idea de que sólo el enfermo mental es violento y agresivo y no se analiza el hecho de que vivimos en una sociedad profundamente violenta. Además, se corta a todos los enfermos mentales por el mismo patrón cuando, para empezar, hay dolencias que presentan mayores cuadros de agresividad que otras.

Ahí existe efectivamente un error, que se agudiza al poner en el titular de la información la patología del agresor. Algo que, por cierto, va en contra de la ética profesional para muchos periodistas.

Eso por un lado, pero por otro también hay que entender que los hechos son los hechos y que si efectivamente se produce un suceso en el que está implicado un enfermo mental, esa circunstancia debe reflejarse, aunque no como única explicación de lo sucedido.

Por tanto, deben tratarse estos asuntos, pero extremando las precauciones a la hora de abordar la cuestión y cuidando mucho cómo se difunde la circunstancia de la enfermedad mental.

Esto en la parte negativa, pero hay un segundo supuesto en los medios de comunicación que resulta muy positivo: normalmente, coincidiendo con la celebración de jornadas técnicas o con fechas como el Día Mundial de la Salud Mental, los medios informan sobre la enfermedad mental, dan a conocer sus datos, hablan con las diversas asociaciones y contribuyen de una manera elogiable a difundir la situación de cada una de las dolencias de una forma normalizada.

A los medios hay que reconocerles, además, su receptividad ante las iniciativas concretas que llevan a cabo las Asociaciones de Enfermos o Familiares, de las que siempre se hacen eco (Por ejemplo, el restaurante self-services que abrió en Mérida APENESMER).

A estas dos tendencias que pugnan, hay que añadir otro problema: la presencia de la enfermedad mental en los medios de comunicación es concreta y no continuada. Los implicados en la salud mental tendrían que hacer un esfuerzo para ocupar mayores cuotas de tiempo o espacio en los medios. Sólo así se acabaría con los estereotipos negativos que ahora existen, porque hay que reconocer que se ha avanzado mucho hacia la normalización en los últimos años, pero todavía no es suficiente.

Y ese esfuerzo para ganar cuotas de tiempo y espacio en los medios lo tienen que hacer los implicados en la salud mental, las fuentes informativas, no los periodistas, que, como decía al principio, no tienen tiempo, ni posibilidad, por las características de su trabajo, de fijarse en asuntos concretos si no hay alguien que les llame la atención.

Aún así, hay que advertir que ganar tiempos y espacios en los medios de comunicación no siempre es fácil. Para empezar, habría que plantear un cambio general en los enfoques periodísticos: los asuntos políticos, que ahora son preeminentes, deberían ceder parte de su protagonismo a los asuntos sociales. Y una vez que los asuntos sociales ganaran terreno, algo que más pronto que tarde ocurrirá, porque están modificándose los gustos del público, habría que ver cómo se reparte ese espacio o tiempo ganado.

Además, habría que tener en cuenta una serie de características propias de la dinámica periodística. Los periodistas también son profesionales de lo suyo y la gente no especialista debe acercarse a los medios de comunicación con modestia y dispuesta a escuchar, lo mismo que deben hacer los redactores y reporteros cuando se acercan a las fuentes. Muchas veces el profano tiene el convencimiento pleno de que su asunto es la noticia más importante del mundo. Algo comprensible, pero no real. También hay que entender que la normalidad siempre es menos noticia que lo que rompe la rutina, sea de la forma que sea. Así, el nacimiento de un niño no es noticioso en principio, pero sí lo es un parto múltiple de quintillizos.

En definitiva, aunque se ha avanzado, queda mucho por hacer todavía para normalizar la imagen de la salud mental en los medios de comunicación. Consecuentemente, el esfuerzo normalizador corresponde a los implicados en la salud mental, que deben acercarse a los periodistas con tranquilidad y exponiendo las cuestiones con claridad, y el éxito será posible, sobre todo si se usa la imaginación.