El oscuro futuro de la profesión

Estudiar el Grado de Periodismo -hasta hace unos años, licenciatura- se ha convertido en una apuesta segura a disponer de pocas oportunidades una vez finalizados los cuatro cursos de estudios -hasta hace poco, cinco cursos-. Todas las coordenadas parecen haberse alineado para que un periodista en España esté abonado a la falta de posibilidades en el mercado laboral en estos días.

fcom sevillaEl primer aldabonazo quizá vino con la llegada violenta de la crisis económica y financiera que España sigue padeciendo; el cierre de medios de comunicación, sobre todo, empresas pequeñas y medianas, significa una ola masiva de despidos de profesionales de la comunicación. Pagar por comprar un periódico pasó, por ejemplo, a ser una especie de privilegio para muchos antiguos compradores que ahora veían cómo tenían que gastar ese dinero diario en comprar pan u otros alimentos de primera necesidad.

Exceptuando los grandes medios de comunicación de masas, publicitarse en una radio o en una televisión por parte de una empresa pasaba a ser un gasto que no podía permitirse. Y la pescadilla se mordía la cola; al haber menos dinero en circulación en este sector, los despidos de trabajadores seguían proliferando y los medios cerraban.

Y cada vez más profesionales de la información estaban en desempleo, originándose un embudo de periodistas alimentado por las generaciones de estudiantes que salían de las facultades de ciencias de la comunicación. Menos puestos, más opositores al puesto. Y para colmo, las nuevas tecnologías propiciaron un cambio radical en la forma del ciudadano de consumir información o entretenimiento de los medios. Internet y las Redes Sociales acabaron por zarandear los hábitos informativos de la sociedad.

En este escenario, los jóvenes que obtienen hoy día el Grado de Periodismo lo tienen francamente complicado para subsistir en el mercado, salvo huida hacia nuevos trabajos de comunicación en redes sociales, en posicionamiento web o en documentación; salvo contacto o enchufe en una empresa de comunicación, ya sea en un gabinete de comunicación o en un medio informativo; salvo carambola en la que méritos y suerte se alíen; o, también hay decirlo, salvo algo parecido al milagro.

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