Las barreras para un joven periodista español

Ser un periodista español de menos de treinta años no es el paraíso. El escenario en el que se desenvuelve es adverso se mire por donde se mire; el horizonte está oscuro y no hay ni una mínima grieta por donde la luz pueda permear. Poco importa si trabaja o no, aunque estar en desempleo, obviamente, es aún más desesperanzador.

Ser un periodista joven y estar en el paro es algo muy chungo. Se carece de experiencia suficiente como para aspirar a puestos de trabajo en el futuro y se carece de dinero como para aumentar los conocimientos. Si se piensa en la salida más habitual para los jóvenes españoles, el exilio, la situación se vuelve más peliaguda para el periodista, quien tiene en el control del idioma español o castellano su principal arma de trabajo.

Al salir del Estado español, el periodista pierde todo su potencial de trabajo, ya que cualquier ciudadano autóctono de Alemania, Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos podría realizar las funciones de informador y comunicador con mayor manejo del idioma. Latinoamérica se antoja como una posible salida, aunque es un destino lejano, incierto y para el que se precisan ciertos ahorros para no pasar hambre a las primeras de cambio.

Las nuevas tecnologías han aportado a los periodistas nuevas posibilidades de trabajo, aunque el deficiente funcionamiento empresarial español y la enorme brecha entre ricos y pobres, demostrada en el índice Gini, deja al periodista como un trabajador precario que no va a poder armarse con los resortes necesarios para tener una vida digna y poder formar una familia.

Todo son desventajas para el periodista joven desempleado en el Estado español. Pero tampoco lo tienen mucho mejor los jóvenes que ahora sí disponen de empleo; la tendencia general son sueldos muy bajos que apenas permiten la subsistencia en el día a día. Además, muchos de esos trabajos se desarrollan en medios de comunicación amenazados de muerte que no existirán dentro de cinco años, víctimas de la enorme reconversión del mundo cibernético y comunicativo. Ser un eterno becario es otra de las tristes vías que le quedan al joven periodista español de esta era.

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